¿Lloras?
yo lloro
¿reís?
yo río.
No es que esté triste
¡estoy tan contento!
las palabras que dejaste
caer en la vereda
fueron mi alimento...
zO.o
Estaba completando éste mes y encontré con que tengo espacio que no se como completar. Decidí por lo tanto desempolvar la creatividad tanto tiempo en desuso y escribir una nota que resulte de alguna utilidad al sufrido lector.
Pase largas horas devanándome el cerebro pensando sobre qué tema escribir y, a consecuencia de tanto esfuerzo intelectual, al llegar la noche, me atacó el hambre, irrefrenable.
Para solucionarlo voy a la heladera con la idea de comer uno de los huevos duros que dejé preparados desde anoche y ahí surge el problema sobre el que al final termino escribiendo.
Encuentro que en la heladera han mezclado los cuatro huevos duros de ayer con otra media docena sin cocinar. El problema es: ¿Cómo identificar cuales son los huevos duros?
Por suerte yo conozco la manera de identificarlos, y esto es lo que les paso a describir a continuación…
1. Tome el huevo del cual desee saber si es cocido o no.
2. Apóyelo en una superficie plana de la cual el huevo no corra riesgo de caerse (yo uso el piso).
3. Una vez apoyado en el suelo (o donde lo haya puesto) hágalo girar y girar y girar. Tiene que hacer que gire de forma que cuando lo deje siga dando varios giros por un tiempo hasta detenerse.
4. Antes que se detenga frénelo por un instante apoyando un dedo sobre el huevo. Es importante para la prueba que detenga totalmente el huevo pero por un periodo de tiempo muy breve, solo una pequeñísima fracción de segundo.
Bueno, una vez realizado esto ocurre una de las siguientes dos cosas:
1. Si el huevo era un huevo duro, el mismo queda detenido luego que usted levanta el dedo con el que lo detuvo. ¡Y sabemos que es un huevo duro!
2. Si se trata de un huevo no cocido, el mismo volverá a girar solo, como por arte de magia, ni bien usted levante el dedo (¡Cruz diablo! !Aijuna! ¡Milagro!)
A esta altura usted se preguntará por qué el huevo sigue girando, y la explicación no es que el huevo haya tomado voluntad propia de girar (¡Dios nos libre!), ni que se trate de un huevo extraterrestre girador, ni que usted se haya vuelto loco ni nada de eso, no se preocupe.
La explicación es más simple, solo se trata de que si el huevo esta crudo, en su interior permanece en estado líquido, al hacerlo girar, usted hizo girar todo el huevo, incluido el líquido de su interior (yema y clara). Al detenerlo, si lo detiene por un brevísimo momento, solo se detiene la cáscara. Pero dentro del huevo la clara y la yema siguen girando, haciendo que la cáscara vuelva a girar un poco más cuando levanta su dedo del huevo.
Si se hubiera tratado de un huevo duro, al detenerlo con el dedo, habría frenado a todo el huevo, incluido su cáscara e interior que se encuentra en estado sólido.
Bueno, y esa fue la nota. Espero que sea de gran utilidad en su cocina. Recomendamos que si se pone a experimentar con huevos girando en el suelo espere un momento de estar solo para hacerlo o lo realice en la intimidad de la familia, para evitar incurrir en situaciones vergonzantes delante de extraños.
Este fotolog no se hace responsable por daños que pudieran ocurrir al realizar movimientos con los huevos durante el experimento, ni por la mala utilización de la información incluida en esta nota.
Fe de erratas: al fin eran más de 3 pasos.
Mientras ella hablaba interminablemente por teléfono, llevando a buen puerto (aunque muy lentamente) una discusión que empezó hace veintitrés años y aún no termina, yo, de aburrimiento nomás me acerqué para el lado de la cocina en buscar de ver si había moscas chocándose contra el vidrio de la ventana.
Me encontraba absorto en tan peculiar empresa cuando casi imperceptibles oí “toc toc toc” un ruidito. No le dí mucha atención en un primer momento, pues casi toda la atención que tenía estaba ocupada en la tarea de papar moscas, pero el ruidito se repitió. Intrigado, mire a mi alrededor tratando de identificar de dónde provenía y sorprendido note que el mismo parecía salir de adentro de la lata de galletitas que se encuentra arriba de la heladera.
Sin perder más de unos cinco o siete segundos procedí a bajar la lata y ponerla sobre la mesa mientras el ruidito “toc toc toc” se hacía mas frenético e insistente, como alegrado de que yo lo hubiera notado. Como era grande mi curiosidad, sin tomar precauciones abrí la lata y cual sería mi sorpresa al ver saltar de adentro una galletita, que cae sobre la mesa y con un gran esfuerzo, debido a que se dobló el pie al caer, salio corriendo hacia el borde. Yo quedé mirando atontado, hasta que pude reaccionar al entender las súplicas y llantos de otras galletitas del tarro, presumiblemente hijo, nieta y esposa galletitas de la que corría, que me gritaban que la agarre a “abuelo galletita” antes que caiga al suelo y se rompa toda. Fue rápido mi accionar y ágil mi mano izquierda que de un manotazo agarró a “abuelo galletita” en el aire salvándolo de una quebradura inevitable antes que llegue al suelo.
No terminaba yo de hacer esto, cuando la heladera, cansada ya de tanto estar parada en el rincón sin hacer nada, pegó un bostezo grande como una heladera, sin la menor delicadeza y abriendo tooooda su puertota-bocotota y hasta prendiendo la luz de adentro y permitiendo así que se le vean las tripas que tiene en su interior, o sea los chinchulines para el asado del domingo. Bostezo que fue aprovechado por un pedazo de carne con salsa, que estaba ahí agazapado esperando una oportunidad como esa, antes de enfriarse del todo, para huir del clima glaciar a zonas mas tropicales como ser un horno, o aunque mas no sea un microondas. Pero tanta mala suerte tuvo el pobre cacho de carne que su vuelo por el aire fue interceptado por la presencia de “abuelo galletita” que estaba en mi mano. Y al chocar, el choque fue tan fuerte que quedaron pegados ya no pudiéndose separar hasta que los dientes los separen.
Y así fue, que tan grande choque produjo una gran turbación en mi mano izquierda, haciendo que ésta se subleve y trate de ir a la boca. Por suerte mi mano derecha se mantuvo leal al cerebro y acudió a su pedido de auxilio, empuñando valiente un sache de mayonesa y reprimiendo con el mismo a la mano sublevada y la carne con galletita. Pero a pesar del heroico esfuerzo, todo fue en vano, los subversivos llegaron a la boca, y aunque con una gran cantidad de mayonesa encima, la galletita con carne fue ingerida. Luego, la mano izquierda sintiéndose sola se rindió al fin, y juró fidelidad nuevamente, esta vez para siempre.
FIN