lunes, 29 de enero de 2007

Qué se cuenta...

    Si llueve: llueve... y disfruto del agua, me mojo, miro para arriba y veo venir miles de gotitas hacia mí, brillando, es mágico. Si sale el sol: entonces tomo sol.
    Mira..., algunas veces voy a usar paraguas, otras no, para experimentar todas las posibilidades del clima, todas las sensaciones del agua. Después saldré vestido, o casi desnudo, experimentaré el frío y el calor, pero prestándole especial atención: ¡Quiero sentir!
    Hasta es posible que alguna noche de tormenta salga desnudo al jardín, a sentir el agua helada caer por mi cuerpo y mis pies en el barro, como si fuera un árbol. Alguna vez tomaré un café con todos mis sentidos, bajo los rayos de sol de algún tibio atardecer en invierno... Más en general voy a ir tomando todas las opciones, todos los remedios, todos los caminos, para saber todo, para conocer todo.
    Y para ser libre de todo no me voy a quedar con nada, y así seré el dueño del mundo. Quiero vivir mil vidas en esta vida, envejecer y luego rejuvenecer... volveré a aprender a caminar de mil formas distintas cada vez, siempre como un niño que da sus primeros pasos. Y ser cada vez mas niño y así, tal vez, cuando llegue el tiempo de morir seré nuevamente un bebe. La muerte, desconcertada, buscará un viejo y al no encontrarlo... va a pensar un tiempo, ensimismada, después se va a ir.
    Porque mira, la muerte existe, anda por ahí, por todos lados y es una mierda... es esa enfermedad que nos va eliminando de a poco. Nos va engulliendo pedazo a pedazo, insaciable: primero nos quita la niñez, la perdemos, la morimos. Morimos a la niñez cuando ya no la recordamos, porque olvidar es lo mismo que morir. Al fin y al cabo da lo mismo haber estado muerto que no recordar haber estado vivo; así, un día, se nos mueren los primeros años de nuestra vida, desaparecen para siempre.
    Después morimos los sueños: con el tiempo nos olvidamos de soñar, desechamos los maravillosos mundos que visitamos por las noches cual si no existieran, como si acaso no fueran tan reales como éste nuestro del día ni tan importante. Entonces llega un momento, que la gente se va todas las noches a morirse en una cama hasta la mañana siguiente. A fundirse en la inconsciencia de un roncador sepulcro de olvido, hasta el otro día. Y convierten el divino sueño, ese regalo de los dioses en un mecánico acto, casi fastidioso que cumplen como autómatas solo porque les resulta inevitable.
    Pero eso no le basta (a la muerte), toma siempre más: momentos de trabajo rutinario, horas enteras de hastío y hasta días pasan directamente al cajón, bajo cinco metros de tierra de olvido. Son horas, días, semanas, meses muertos, de olvido. Son el tiempo sin sentido, la muerte de tedio que cría arrugas en las frentes, que agría las caras de los oficinistas.
    Y nos quita más, siempre más, nos quita los sentimientos, la capacidad de emocionarse con un poema, de sentir verdadero amor o verdadera alegría. ¡Quién pudiera ya mover la cola como un perro, de alegría, después de los cuarenta tal vez no moriría! ¿Quién ya llorar con los colores de una flor o los aromas del atardecer?
    Y ya tanto se va muriendo uno día a día, todo el tiempo, que después, yo creo que uno se muere del todo, un día, ya no más por inercia. Tal vez es muy difícil morirse. Capaz que es casi imposible pero al fin, de tanto irse muriendo de a poco, un día se logra la hazaña de morirse uno del todo.

    Y yo no quiero eso, yo quiero vivir, vivir VIVIR!!!

. . .

    "veámoslo de esta forma: usted puede empezar a vivir hoy... o dejarlo para mañana.
Si lo deja para mañana, está definitivamente perdido, para siempre... Le cuento el secreto: el mañana no existe."
. . .
    ¿Y vos? ¿Qué contás de nuevo?

1 comentario:

Máximo Ballester dijo...

Bueno, estoy aqui para agradecerte tu visita y comentario y para leer lo que en tu blog has escrito. Veo que amas la poesia y la vida asi que no puedo mas que augurarte un buen camino. Que asi sea, y con toda la suerte.


Un abrazo.